10 de octubre de 2006

Cuentos Fantásticos de Benito Pérez Galdós

Esta mañana, sobre la mesa de novedades que hay en la primera planta del edificio de la biblioteca en la que estuve trabajando, un libro llamó mi atención. El libro en cuestión se titula Cuentos Fascinantes: viaje de la imaginación a la realidad y se trata de una nueva edición de los cuentos fantásticos de Benito Pérez Galdós. Para muchos, al menos para mí, Galdós pasó casi sin pena ni gloria, cuando en el instituto nos mandaban a leer alguno de sus libros, hacer algún trabajo durante la carrera universitaria y poco más. De hecho, no sentía una especial simpatía por sus textos.
Esta mañana leí uno de estos cuentos, concretamente el titulado La pluma en el viento, o el viaje de la vida, y fue todo un descubrimiento. Acostumbrada al realismo del escritor, me sorprendía estar leyendo una historia de naturaleza fantástica, fantasía, eso sí, que no se desprende del todo de la influencia social y política en la que se desenvuelve el autor. Aún así, en palabras de Alan E. Smith estos doce cuentos fantásticos son expresiones del espíritu que de manera sutil y bella convierte en "extraña" la realidad cotidiana, para, como decía el lobo, verla mejor. (Smith, 1996). Después de leer el relato, sin dudarlo, saqué en préstamo una edición de los cuentos para disfrutarla con más tranquilidad. Hay títulos tan sugerentes como La princesa y el granuja, Theros, Celín o La conjuración de las palabras, entre otros.

Este es un fragmento de La pluma en el viento, o el viaje de la vida, escrito en el año 1873 y que espero os guste tanto como a mí :

Vino la noche, y los vidrios se obscurecieron, tomando tintas suaves y misteriosas. La gran nave quedó por fin en completa sombra; más en lo alto de sus muros velaban, como espectros de moribundo resplandor, las pintadas efigies de cristal. En el centro del lóbrego santuario lucía un punto de luz: era la lámpara del altar, que como un alma despierta y vigilante oraba en el recinto.

Imagen: J. H. Fragonard, Joven leyendo (hacia 1776)

1 comentario:

Evaristo dijo...

Cuando uno escribe bien, escribe bien y punto. Leyendo el pasaje que has transcrito debo decir que si hubieras otorgado la autoría a Poe, me lo hubiera creído. Y eso lo digo desde mi cariño a Poe, que quede claro.

Yo con Galdos, además de la relación educativa que todos hemos compartido en la asignatura de literatura, mi experiencia se amplía con su episodio sobre Zaragoza. No, no puedo ser imparcial, me gustó porque mientras leía iba imaginando a mi ciudad en batalla, no leía cómo los franceses subían por el coso, lo veía cada vez que tras leer ese capítulo montaba en la línea 38 que baja hacia mi casa y pasa por esa calle. Santa Engracia semiderruida era la imagen que yo veía cuando paseaba por el centro con mis amigos y giraba la vista hacia la iglesia.

En definitiva, realismo que repicaba en mi realidad; para mí es un libro que a pesar de haberlo leído una vez, se repitió en mi cabeza conforme pasaba por los lugares, muchos, que se van mencionando en ese Episodio Nacional. Por ello me encantó pero no lo puedo recomendar, porque para disfrutar ese libro ser zaragozano es un más que un aliciente, es poderlo disfrutar como el realismo manda.